LOS INDIGENAS COLOMBIANOS: MUCHOS DERECHOS Y CRUDAS REALIDADES
En Colombia habitan 80 grupos étnicos. Su diversidad cultural se refleja en la existencia de más de 64 idiomas y unas 300 formas dialectales. Según un estudio del Departamento Nacional de Estadística, realizado luego del Censo de 1993 y con ajustes a 1997, la población indígena asciende a 701.860 personas que tienen presencia en 32 departamentos del país, especialmente en aquellos de selva tropical húmeda. Sus procesos de organización y lucha, aunque datan de la época de la conquista, han tomado mayor fuerza y coherencia en los últimos veinte años en los que se han consolidado organizaciones de diverso orden con fines reivindicativos y de autogestión bajo los principios unidad, tierra, cultura y autonomía.La Constitución de 1991, elaborada por la Asamblea Nacional Constituyente y en la cual los indígenas cumplieron un papel protagónico, reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana. Consagra para estas comunidades derechos étnicos, culturales, territoriales, de autonomía y participación como: la igualdad y dignidad de todas las culturas como fundamento de la identidad nacional; las diferentes lenguas que se hablan en nuestro país como lenguas oficiales en sus territorios; la educación bilingüe e intercultural para los grupos étnicos y la doble nacionalidad para los pueblos indígenas que viven en zonas de frontera. Se abrió así el camino para la participación activa de los indígenas en la vida política del país, marcando una nueva etapa de su gesta reivindicativa. Mediante el voto popular, han logrado su elección al Congreso de la República, asambleas departamentales, alcaldías y a un sinnúmero de concejos municipales en distintas regiones del país.No obstante, este marco de derechos formales dista mucho de ser una realidad para las comunidades en lo que a calidad de vida se refiere. Persisten en ellas graves problemas como la usurpación de sus territorios por colonos, terratenientes y narcotraficantes; la falta de buena calidad de las tierras; el no cubrimiento de necesidades básicas como salud, educación, alimento y vivienda; que sumados a la agresión física y cultural permanente ejercida por las instituciones del Estado, la iglesia y las misiones religiosas internacionales, colonos, terratenientes, narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros y ejército, amenazan la sobrevivencia de estos grupos y convierte sus territorios en zonas de guerra y de conflicto.Pese al reconocimiento de la multietnicidad, Colombia es un país que registra los mayores índices de pobreza en comunidades negras e indígenas. Sin embargo, no existe la conciencia de que esto constituye un hecho de discriminación racial porque, como dice el líder afrocolombiano, Juan de Dios Mosquera, la discriminación racial entre los colombianos tiene una forma concreta, objetiva, y otra ideológica, subjetiva. La primera la practican el Estado y las clases dirigentes al mantener, desde la abolición de la esclavitud hasta hoy, a las comunidades negras e indígenas en condiciones de aislamiento territorial, atraso y desigualdad de oportunidades en todos los niveles, dentro de la sociedad, en síntesis, en condiciones de exclusión. La segunda, cuando en la conciencia social de los colombianos persiste el prejuicio racista, el racismo verbal contra negros e indígenas, demostrable en estereotipos y expresiones lingüísticas que denigran e inferiorizan su igualdad y dignidad humana.
¿Consideras que son respetados los Derechos Humanos a nuestras etnias indígenas?
¿Crees que nuestros indígenas hacen buen uso de sus reservas?
LUZMI
lunes, 1 de septiembre de 2008
AMERICA LATINA: LARGO VIAJE A SI MISMA
Bolívar dijo: No somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes ylos españoles.Tal es lo extraordinario y complicado de esta América y su cultura. Cultura surgida de la unión, pero no asimilación de la cultura propia de estos hombres. Cultura de expresiones encontradas y que, por serlo, lejos de mestizarse, de asimilarse, se han yuxtapuesto. Yuxtaposición de lo supuestamente superior sobre lo que se considera inferior.La misma relación que guardarán entre sí los europeos y americanos, relación de señores y siervos, conquistadores y conquistados, colonizados y colonizadores.
LEOPOLDO ZEA.
De acuerdo con el texto:
1- ¿Cómo es el hombre latinoamericano?
2- ¿Cuál es la raíz del ser latinoamericano?
3- ¿Que descripción de hombre podemos deducir?
4- ¿Influye el conidicionamiento histórico en la situación actual? ¿Porqué?
5- ¿Un estudio sociohistórico nos puede dar claridad sobre las acciones, normas yleyes de una cultura? ¿porque?
Luzmi
LEOPOLDO ZEA.
De acuerdo con el texto:
1- ¿Cómo es el hombre latinoamericano?
2- ¿Cuál es la raíz del ser latinoamericano?
3- ¿Que descripción de hombre podemos deducir?
4- ¿Influye el conidicionamiento histórico en la situación actual? ¿Porqué?
5- ¿Un estudio sociohistórico nos puede dar claridad sobre las acciones, normas yleyes de una cultura? ¿porque?
Luzmi
domingo, 24 de agosto de 2008
¿ QUE ES EL HOMBRE ?
¿ QUE ES EL HOMBRE?
hombre “es un animal capaz de comprender”, otros afirman de él que se trata de un ser “capaz de crear”; para Nietzsche “el hombre es una enfermedad del hombre”; y para Sartre, se trata de “una pasión inútil”. Últimamente he leído que se trata de un mono que intenta salir de si mismo. Los griegos vieron en el hombre un “animal racional” o “político” y Pascal describe al hombre como un ser frágil, pero “que sabe que va a morir”, lo que le otorga una superioridad sobre el vendaval de las pasiones inconscientes del universo… En la tradición judeo-cristiana es hombre es un ser creado por Dios a su imagen y semejanza y distinto a todos los demás seres creados… Muchas y variadas opiniones que nos quieren llevar a concluir que no parece haya una respuesta clara a esta gran pregunta.
SIN EMBARGO, esta pregunta ¿quién soy yo? ¿qué sentido tiene mi existencia? no deja de repetirse en nuestro interior exigiendo una respuesta. El hombre es el único animal que se interroga sobre sí mismo.
POR ESO OTROS AFIRMAN QUE, no podemos definir una cosa por sus cualidades; en el caso del hombre ni siquiera por su capacidad de razonar (además de que esta aptitud ¿acaso no aparece de algún modo en la habilidad que pone la liebre para escapar del cazador?) y tampoco puede definirse al hombre por su parecido con el chimpacé o el orangután rojo.
Sartre y Nietzsche nos proponen unas metáforas literarias muy interesantes pero que no pasan de ser un oscuro recurso literario que solo evidencia el fracaso de su intento por dar una definición del hombre. Igual ocurre con Pascal que, aunque con mayor carga de lirismo, tan solo describe la caduca condición humana… Tener que terminar por recurrir a la Biblia resulta hoy en día enojoso para algunos, pero solo en ella encontramos una definición positiva: un ser creado a imagen y semejanza de Dios…
ALGUNOS dirán que: “Dios no es visible, ni comprensible (en el sentido de que no lo podemos abarcar con nuestra inteligencia)… Así que, tampoco vale esta definición, por muy positiva que sea…” SIN EMBARGO, a estos habría que decirles, que es, precisamente ese sentido inabarcable y misterioso de la definición, lo que ofrece la más acertada definición de lo que es el hombre: al igual que su creador, el hombre posee algo de invisible, de inabarcable, de misterio…
Todos los errores y todas las ideologías sobre el hombre han consistido precisamente en negar y querer arrancar al hombre esta parte del misterio que es la que define mejor su naturaleza
Qué y quién es el hombre?
Según el diccionario, por “naturaleza” se entiende las siguientes definiciones: “Modo de ser de una persona o cosa. Conjunto de las cosas del universo físico. Constitución física de una persona”.
Si bien el término “naturaleza” puede tener varias definiciones, elegiremos la primera y la tercera. Y es que la pregunta ¿Qué y quién es el hombre? Busca necesariamente eso que todos tenemos en común y que nos identifica en una misma especie humana. Pero ¿de qué me sirve saber que comparto con el otro algo en común si es a la vez es tan diferente a mí?
Para entender el significado y la importancia a largo alcance de naturaleza humana es preciso evitar el dualismo planteado, desde hace mucho tiempo atrás, por Platón y luego por Descartes en el siglo XVI. No hablamos de aspectos iguales ni semejantes en comparación con otros seres humanos. Hablamos de una misma materia que compartimos al ser personas. De unas mismas capacidades al venir a este mundo como seres humanos. Hablamos, al final de cuentas, de nuestros semejantes.
El hombre no es la suma de las partes, ni la división de alma y cuerpo. No es tampoco solo alma (racionalismo), ni solamente cuerpo (empirismo). La naturaleza del hombre, tampoco puede quedar a merced de un punto de vista subjetivo, que se traduce en el parecer de cada quien. Sean cual fueran las diversas posturas, la naturaleza humana en sí, tiene una objetividad intrínseca, un valor por sí misma. Una finalidad que surge de las mismas potencialidades espirituales humanas (inteligencia y voluntad), y un determinado modo de manifestarse en el mundo según sea mujer u hombre. Captar esto nos hace capaces de entender el gran reto de todo ser humano por alcanzar el ideal de excelencia humana.
Siguiendo la línea del pensamiento del filósofo francés, Gabriel Marcel, estoy convencida a todas luces que el hombre es un ser encarnado,abierto, libre y espiritual.
“Que el hombre sea un ser encarnado quiere decir para Marcel que es un ser corporal y que está en el mundo y mantiene relaciones con los otros seres mediante su cuerpo. El estudio de la encarnación en el pensamiento de Marcel es, pues, principalmente el estudio de la corporalidad humana, que no es algo accidental o añadido al hombre, sino algo metafísico, propio de su ser”.
No podemos entender al hombre en términos idealistas, ni tampoco reducirlo, a un enmarañado de instintos de estímulo y respuesta, porque comparte como los animales un sistema sensitivo. El hombre no es solo cuerpo. No tiene un sistema cerrado. El hombre por eso es más que su propia naturaleza, y es más que cuerpo y alma, porque no ha venido al mundo configurado, ni determinado, sino todo lo contrario, libre. Con la libertad, el hombre no solo es capaz de lograr mejoras en su ser y elevar su naturaleza humana, sino que es capaz además de encontrar respuestas en el mismo carácter antropológico de su ser. Es capaz de preguntarse por su existencia, por el sentido de su vida, por su condición de persona, por su trascendencia.
Sin embargo, la situación de la persona es que su ser se aparece como unido a un cuerpo.
Muchas veces podemos experimentar de manera vivencial la contradicción de nuestro ser con nuestro cuerpo. La disyuntiva casi tácita, del deber con el querer. Son los típicos casos cuando la conciencia nos aconseja la norma y el cuerpo nos violenta con la negación. O de lo contrario, el imperio autosuficiente de la razón que contradice lo que el cuerpo hace o pide. Estas experiencias normales en la naturaleza humana, nos permiten afirmar que en la existencia, además de ser encarnada, existen dos tipos de relación diferente de mi ser con el cuerpo y la conciencia. “La primera relación se establece cuando el cuerpo es dado a la conciencia espacialmente. La segunda surge cuando el cuerpo propio es dado como experiencia interna”. Es decir, la primera surge cuando experimento que mi cuerpo está instalado en el mundo. La segunda surge cuando soy consciente de que mi cuerpo es la manifestación de mi yo.
hombre “es un animal capaz de comprender”, otros afirman de él que se trata de un ser “capaz de crear”; para Nietzsche “el hombre es una enfermedad del hombre”; y para Sartre, se trata de “una pasión inútil”. Últimamente he leído que se trata de un mono que intenta salir de si mismo. Los griegos vieron en el hombre un “animal racional” o “político” y Pascal describe al hombre como un ser frágil, pero “que sabe que va a morir”, lo que le otorga una superioridad sobre el vendaval de las pasiones inconscientes del universo… En la tradición judeo-cristiana es hombre es un ser creado por Dios a su imagen y semejanza y distinto a todos los demás seres creados… Muchas y variadas opiniones que nos quieren llevar a concluir que no parece haya una respuesta clara a esta gran pregunta.
SIN EMBARGO, esta pregunta ¿quién soy yo? ¿qué sentido tiene mi existencia? no deja de repetirse en nuestro interior exigiendo una respuesta. El hombre es el único animal que se interroga sobre sí mismo.
POR ESO OTROS AFIRMAN QUE, no podemos definir una cosa por sus cualidades; en el caso del hombre ni siquiera por su capacidad de razonar (además de que esta aptitud ¿acaso no aparece de algún modo en la habilidad que pone la liebre para escapar del cazador?) y tampoco puede definirse al hombre por su parecido con el chimpacé o el orangután rojo.
Sartre y Nietzsche nos proponen unas metáforas literarias muy interesantes pero que no pasan de ser un oscuro recurso literario que solo evidencia el fracaso de su intento por dar una definición del hombre. Igual ocurre con Pascal que, aunque con mayor carga de lirismo, tan solo describe la caduca condición humana… Tener que terminar por recurrir a la Biblia resulta hoy en día enojoso para algunos, pero solo en ella encontramos una definición positiva: un ser creado a imagen y semejanza de Dios…
ALGUNOS dirán que: “Dios no es visible, ni comprensible (en el sentido de que no lo podemos abarcar con nuestra inteligencia)… Así que, tampoco vale esta definición, por muy positiva que sea…” SIN EMBARGO, a estos habría que decirles, que es, precisamente ese sentido inabarcable y misterioso de la definición, lo que ofrece la más acertada definición de lo que es el hombre: al igual que su creador, el hombre posee algo de invisible, de inabarcable, de misterio…
Todos los errores y todas las ideologías sobre el hombre han consistido precisamente en negar y querer arrancar al hombre esta parte del misterio que es la que define mejor su naturaleza
Qué y quién es el hombre?
Según el diccionario, por “naturaleza” se entiende las siguientes definiciones: “Modo de ser de una persona o cosa. Conjunto de las cosas del universo físico. Constitución física de una persona”.
Si bien el término “naturaleza” puede tener varias definiciones, elegiremos la primera y la tercera. Y es que la pregunta ¿Qué y quién es el hombre? Busca necesariamente eso que todos tenemos en común y que nos identifica en una misma especie humana. Pero ¿de qué me sirve saber que comparto con el otro algo en común si es a la vez es tan diferente a mí?
Para entender el significado y la importancia a largo alcance de naturaleza humana es preciso evitar el dualismo planteado, desde hace mucho tiempo atrás, por Platón y luego por Descartes en el siglo XVI. No hablamos de aspectos iguales ni semejantes en comparación con otros seres humanos. Hablamos de una misma materia que compartimos al ser personas. De unas mismas capacidades al venir a este mundo como seres humanos. Hablamos, al final de cuentas, de nuestros semejantes.
El hombre no es la suma de las partes, ni la división de alma y cuerpo. No es tampoco solo alma (racionalismo), ni solamente cuerpo (empirismo). La naturaleza del hombre, tampoco puede quedar a merced de un punto de vista subjetivo, que se traduce en el parecer de cada quien. Sean cual fueran las diversas posturas, la naturaleza humana en sí, tiene una objetividad intrínseca, un valor por sí misma. Una finalidad que surge de las mismas potencialidades espirituales humanas (inteligencia y voluntad), y un determinado modo de manifestarse en el mundo según sea mujer u hombre. Captar esto nos hace capaces de entender el gran reto de todo ser humano por alcanzar el ideal de excelencia humana.
Siguiendo la línea del pensamiento del filósofo francés, Gabriel Marcel, estoy convencida a todas luces que el hombre es un ser encarnado,abierto, libre y espiritual.
“Que el hombre sea un ser encarnado quiere decir para Marcel que es un ser corporal y que está en el mundo y mantiene relaciones con los otros seres mediante su cuerpo. El estudio de la encarnación en el pensamiento de Marcel es, pues, principalmente el estudio de la corporalidad humana, que no es algo accidental o añadido al hombre, sino algo metafísico, propio de su ser”.
No podemos entender al hombre en términos idealistas, ni tampoco reducirlo, a un enmarañado de instintos de estímulo y respuesta, porque comparte como los animales un sistema sensitivo. El hombre no es solo cuerpo. No tiene un sistema cerrado. El hombre por eso es más que su propia naturaleza, y es más que cuerpo y alma, porque no ha venido al mundo configurado, ni determinado, sino todo lo contrario, libre. Con la libertad, el hombre no solo es capaz de lograr mejoras en su ser y elevar su naturaleza humana, sino que es capaz además de encontrar respuestas en el mismo carácter antropológico de su ser. Es capaz de preguntarse por su existencia, por el sentido de su vida, por su condición de persona, por su trascendencia.
Sin embargo, la situación de la persona es que su ser se aparece como unido a un cuerpo.
Muchas veces podemos experimentar de manera vivencial la contradicción de nuestro ser con nuestro cuerpo. La disyuntiva casi tácita, del deber con el querer. Son los típicos casos cuando la conciencia nos aconseja la norma y el cuerpo nos violenta con la negación. O de lo contrario, el imperio autosuficiente de la razón que contradice lo que el cuerpo hace o pide. Estas experiencias normales en la naturaleza humana, nos permiten afirmar que en la existencia, además de ser encarnada, existen dos tipos de relación diferente de mi ser con el cuerpo y la conciencia. “La primera relación se establece cuando el cuerpo es dado a la conciencia espacialmente. La segunda surge cuando el cuerpo propio es dado como experiencia interna”. Es decir, la primera surge cuando experimento que mi cuerpo está instalado en el mundo. La segunda surge cuando soy consciente de que mi cuerpo es la manifestación de mi yo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)